Ella llegó a este mundo después de muchos intentos… y no llegó sola. Venía con su mellizo, cada uno en su bolsa, como si desde el inicio la vida quisiera enseñarles que, aunque juntos, también serían distintos. Ella, fuerte, decidida… él, más callado, diferente. Y así empezó todo.
La imagino de niña, inquieta, luminosa, pegada a su mamita. La nombraba tanto… con ese amor que no se aprende, que solo se siente. Ella fue su faro, su guía. Y también hablaba de sus primos, quienes la cuidaron: uno con bromas que arrancaban sonrisas y la otra guiando su camino con firmeza para que fuera una mujer de bien.
Su hogar… era algo tan suyo. Su padre lo llamaba, entre bromas, la “sangrada familia”, aunque a veces esa ironía escondía verdades difíciles. Eran tiempos en los que se permitían cosas que hoy cuesta entender, y que duelen al mirarlas con los ojos de ahora. Pero, aun así… ella salió adelante. Siempre lo intentó.
Se enamoró joven. Y cuando me lo contó, me hablaba de él con amor… de que siempre fue su sonrisa. Esa sonrisa fue la que la atrapó. Decía que tenía unos ojos pícaros, que la hacían reír. Y eso, en aquel tiempo, fue suficiente. Se casaron un 13 de mayo, en la iglesia de San Pedro… y empezaron su historia, la suya, formando un hogar con sus cuatro hijos.
Trabajó en un par de hospitales; uno de ellos era para niños. Vivió rodeada de dolor, pero también de humanidad. Nos contaba que nos llevaba con ella a trabajar. La imagino… con esos pañuelos de colores en el cabello, que dejaban ver su cara bonita, y ese rubor que le aparecía al contar cómo, año tras año, llevaba un hijo en su vientre.
No te conformaste. Nunca. Trabajabas, nos criabas… y además estudiabas. Querías más. Querías saber, aprender y llenarte por dentro, no solo de sueños, sino de sentido y conocimiento.
Y aunque María no te enseñó a cocinar… te salió solo, como si la abuela hubiera dejado algo de ella en ti. Porque todo lo hacías con ese toque tuyo.
Siempre ibas rápido. Demasiado rápido, diría yo. De un lado a otro, con ese coche pequeño de color azul que iba siempre a tope, lleno con más gente de la permitida, con mil cosas en la cabeza… intentando llegar a todo, a todos. Como si parar no fuera una opción.
Te caíste varias veces, pero nunca nadie te vio llorar, ni fue opción para ti quedarte en el suelo. Te levantabas. Siempre. Te sacudías y seguías, con la frente en alto. Como si el dolor no pudiera contigo.
Mamá…
Lo fuerte que soy… viene de ti.
La entrega y la nobleza… también.
La forma en la que amo… no tanto.
Nunca supiste decir que no. Y a veces me dolía, porque dabas tanto… que parecía que te olvidabas de ti y de nosotros. Me hubiera gustado protegerte un poco más de eso.
Nos perdimos en algún momento… y eso pesa. Pero la vida nos dio otra oportunidad. Y cuando volvimos a encontrarnos… volviste a ser mi madre. De verdad. Sin distancia. Sin miedo.
Y ya no me soltaste.
Me hablaste… y me narraste mucho de tu historia. Me enseñaste que la vida era dura. Me dejaste palabras que ahora entiendo, ahora que no estás. Y aunque hay recuerdos que se me escapan, o que no existen… hicimos otros nuevos. Esos sí los tengo claros. Esos se quedan conmigo para siempre.
Caminábamos juntas.
Reíamos…
Y también llorábamos cuando algo no salía bien.
Pero no importaba, porque estábamos juntas.
Y eso lo era todo. En aquel momento, lo fue.
Me faltó tanto… abrazarte más. Decirte más veces cuánto te amaba. Como si el tiempo fuera infinito… y no lo era.
Te hiciste mayor… pero nunca dejaste de dar. Nunca. Siempre haciendo el bien, sin mirar a quién. Tantos ahijados… tantas personas que encontraron en ti algo que también era mío. Y sí… a veces me daba celos. Porque quería esa atención para mí.
Pero es que eras así… imposible de retener.
Hablabas de nosotros con tanto orgullo… con tanto amor. Y rezabas. Siempre rezabas. Hasta el último día. Y te aseguraste de que lo supiéramos.
Hoy ya no estás aquí.
Te fuiste como viniste… sin ruido. En silencio. En un suspiro. Por el ojo de la aguja.
Y me rompiste el alma… porque no me esperaste. Sé que lo intentaste, pero tenía que ser así.
Si nos toca repetir, yo repito… si tú quieres…
con menos dolor y siempre contigo.

Copyright © Carmen Castañon | Todos los derechos reservados
Antes que se me olvide tiene la licencia CC BY-NC-ND 4.0
Este es un proyecto que lleva en mi cabeza mucho tiempo y que por fin puedo hacer realidad, espero os guste.
Bella anécdota, vivirá en el corazón de todos los familiares y amigos con mucho cariño, dios la tenga en la gloria 🙏
Bella anécdota, siempre estará en el corazón de toda la familia y amigos , dios la tenga en la gloria 🙏😍
El dolor de amor hecho poesía.
Que su luz te alumbre siempre.